EL EJERCICIO; ALIADO DEL RENDIMIENTO ACADÉMICO

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¿Será posible que el ejercicio pueda contribuir a mejorar el rendimiento académico? 

 

Así lo revelan recientes investigaciones de la neurociencia.

Al parecer el ejercicio es tan bueno para el corazón, como para el cerebro y que además, este nos aporta importantes mejoras al sistema cardiovascular, como también lo hace al sistema inmunológico, que a su vez guarda estrecha relación con la motivación o el estado de ánimo.  

El ejercicio regular es capaz de modificar la química y las neuronas. 

Así es como promueve importantes cambios en la salud de quién dedique tiempo a ejercitarse, sin importar la edad. 

 

Gracias a estudios e investigaciones sabemos que el cerebro  humano, debido a su plascticidad, tienen una gran capacidad de modificar su estructura y funcionamiento producto de la interacción con el entorno. Ha sido esta interacción la que produjo el desarrollo del cerebro a través de los miles de años de adaptación para la supervivencia del ser humano, entonces no es casualidad que el hipocampo, imprescindible para la memoria explícita y el aprendizaje, sea una de las regiones cerebrales más influenciadas por el ejercicio físico. 

En el año 2011 un estudio demostró que hacer un ejercicio aeróbico moderado por no menos de tres días a la semana por periodo de un año, aumentó el tamaño del Hipocampo, alcanzando una notable mejora en la memoria espacial y de los niveles de una proteína, el BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro). El BDNF segregado como consecuencia del ejercicio es muy importante, dado que fortalece las concesiones neuronales que garantizan el APRENDIZAJE. También aumenta la neurogénesis, que es imprescindible para la formación de las memorias, aumenta la vascularidad cerebral que permite la llegada de nutrientes al cerebro. Aunque la mayoría de los estudios fueron con ejercicio aeróbico, se ha encontrado evidencia científica que el anaerobico también provee efectos positivos. 

La ciencia ha demostrado que con solo unos pocos minutos de ejercicio físico, mejora el aprendizaje y sugiere aplicar descansos regulares dentro de la jornada escolar a para mejorar el rendimiento académico. 

Al hacer actividad física como el ejercicio se segregan meurotransmisores como la seretonina, noradrenalina y la dopamina que, sabemos que benefician el estado de alerta, la atención o la motivación. Estos son factores críticos en el proceso del aprendizaje. 

Otro importante aspecto del aporte de la actividad física, es que sus beneficios son acumulativos, es decir que inciden en lo que se conoce como reserva cognitiva, permitiendo alargar el efecto protector de enfermedades de la memoria como Alzheimer. 

 

Las Pruebas. 

Adentrémonos ahora a estudios realizados a jóvenes de edad escolar, por ejemplo un estudio realizado a 20 estudiantes de nueve años, se les realizó un test relacionado a lectura,  ortografía, y matemáticas utilizando condiciones experimentales diferentes: se hizo caminar por un periodo de 20 minutos a un ritmo moderadamente alto sobre la corredora vs un periodo de descanso también por 20 minutos. 

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Tras la actividad física, los niños tenían mejores resultados en cada prueba. En un metanálisis en el que se pudieron analizar alrededor de 44 estudios en los que intervinieron niños entre los 4 y 18 años de edad, se corroboró una relación positiva entre actividad física y memoria, se logró analizar alrededor de ocho categorías cognitivas:  

  • Habilidades perceptivas 
  • Cociente de inteligencia 
  • Resultados académicos 
  • Tests verbales 
  • Tests de creatividad o  
  • La concentración 

Los estudios con niños y adolescentes sobre la práctica de la actividad física han demostrado los mismos beneficios que se habían encontrado tanto en animales como en adultos. Como consecuencia del ejercicio físico, se segregan toda una serie de neurotransmisores y factores de crecimiento que estimulan el desarrollo de nuevas neuronas en el hipocampo y el fortalecimiento de las conexiones neuronales que facilitan la memoria y el aprendizaje. Especialmente importantes son los estudios con niños en los que se demuestra la mejora de las funciones ejecutivas básicas como la capacidad de inhibición, la memoria de trabajo o la flexibilidad cognitiva, que son imprescindibles para el buen desarrollo académico y personal de los alumnos. 

 

Las investigaciones analizadas sugieren que no es una buena idea erradicar del currículo o dedicar el mínimo tiempo posible a las clases de educación física cuando sabemos que mejoran nuestra salud física, emocional y mental, procesos que acaban siendo indisolubles. Y, por supuesto, tampoco beneficia colocar estas clases al final del horario escolar cuando sabemos que unos pocos minutos de actividad física son suficientes para mejorar la atención y la concentración del alumno, factores críticos en su aprendizaje. En este sentido, se deberían utilizar descansos regulares que permitieran a los alumnos moverse y fomentar zonas de recreo al aire libre que permitieran la actividad física voluntaria. Un simple paseo por un entorno natural puede recargar de energía determinados circuitos cerebrales que intervienen en la atención o la memoria y que pueden saturarse como consecuencia de una actividad académica continuada. De ello se puede beneficiar cualquier alumno, pero en especial aquellos con TDAH. Y ese simple paseo o cualquier actividad física que nos permita cierta desconexión mental respecto a lo que estamos haciendo, nos puede permitir encontrar, gracias a los mecanismos cerebrales inconscientes que no dejan de trabajar, una solución creativa a ese problema que nos frustraba y que no podíamos resolver cuando pensábamos en él de forma cerrada. 


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1 comentario de “EL EJERCICIO; ALIADO DEL RENDIMIENTO ACADÉMICO”

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